El sol pegaba en su frente y molestaba su visión. Había poca gente en ese rincón del parque vecino al río, al lado de las cañas. Era una zona de relleno, ganada al río, así que gran parte del piso eran escombros. “Piedra de mierda” dijo él mientras acomodaba su rodilla en el piso. “Así está bien… probá” dijo ella. “No, mamá, falta…”. “Bueno, dejame que sigo yo”. “¿Cómo vas a seguir vos? Dejame a mi…” y con la mano izquierda sacaba las piedras.
Frenó para descansar unos segundos y vio una gran ampolla reventada en la palma de su mano derecha. “¿Te lastimaste?”, “No, es sólo una ampolla” y trataba de ablandar la tierra usando la pequeña pala como si fuera el cuchillo de la escena de la ducha.
Le resultó más fácil sacar la tierra con su mano izquierda y seguir ablandando el terreno con la pala de la derecha.
Con un movimiento de la cabeza vio un hombre pasar en bicicleta a unos metros de donde estaban excavando. El hombre devolvió la mirada con una ceja elevada pero sin detener la marcha. “No mires, dale, fijate ahora”. Él tomó la bolsa de reshiduos y la puso en el agujero que había comenzado. “Un poco más profundo” y siguió.
Pasó más gente. Intercambiaron más miradas. La bolsa ya entraba por poco. Hizo unos agujeros en el nylon y trató de acomodar el bulto lo más abajo posible. Hundió la bolsa con la mano casi sin pensar, y su tacto le hizo acordar lo que estaba haciendo. Se detuvo, suspiró y trató de ser más delicado. Con la pala movió la montaña de tierra que estaba a un lado del agujero y lo tapó lo mejor que pudo. Se veía como en las películas, era obvio que esa tierra había sido revuelta, que alguien había enterrado algo allí, así que pusieron unas hojas por encima, alguna piedra. “Tendría que haberlo hecho un poco más profundo”. “Así está bien, vamos”.
Volvieron al remís que los esperaba en el estacionamiento, subieron y se fueron. Mientras viajaban, el pensó lo que hace un rato le había dicho la veterinaria: “Vivió bien, la quisieron, no puede seguir sufriendo así…” . Mentira. Un perro no vive bien, esperando, suspirando, aburrido… prisionero. Se consoló pensando que todos los perros van al cielo, y se prometió: “Nunca más voy a tener otro…”




